La muerte es vida
Es cuando todo está perdido que todo lo que acaba puede comenzar de nuevo.
Hay una oportunidad escondida en el viento del olvido, hija de la muerte que engendra vida en la oscuridad del camino sin retorno.
No hay retorno en la muerte pues acaso ésta sólo encierra vida. Vida de una vida diferente, muerte de la indiferencia de la vida.
Valiente decisión la de avanzar hacia la muerte por no aceptar la indiferencia de la vida, soltar lo conocido, lo amado a cambio del oscuro vacío de la muerte, que todo lo extingue, todo lo fulmina.
Pero acaso la muerte no extingue ni fulmina, quizá tan solo purifica aquello que merece ser purificado.
Quién sabe si la muerte solo mata lo extinguible para que al morir lo superfluo viva lo que es indispensable, esencia de todas las esencias.
Y en tal caso, que sería la muerte sino un nuevo nacimiento, motivo de celebración, de dicha, de alborozo, el inicio de un nuevo sendero ya purificado, vida de una vida que comienza, hija de una muerte que murió en vida para engendrar su suerte.
¿Y acaso en esta nueva vida, muerto lo superfluo e indiferente, no adquiere mayor brillo lo vivido?
¿Acaso lo bello y diferente no acaba con la indiferencia del olvido?
¿No es la nueva vida quién nos echa de menos cuando yacemos en nuestra propia indiferencia?
¿No será nuestra muerte quién nos llora cuando yacemos muertos en nuestras propias vidas?
La muerte de lo que ya está muerto se llama vida.
La muerte de quién desea vivir engendra vida.
La muerte es vida.
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