¿Para qué no escuchar tu silencio?
Pequeñas hojas de helecho que brotáis del bosque que os regala su sonrisa.
Sois flexibles como el viento que agradece con una sola caricia el aire que encierra en el beso de cada instante.
Libre de peso, acurrucadas entre hermanas, hijas de la misma espesura que os envuelve, nos mostráis vuestros dulces y suaves movimientos.
Bailáis entre los cantos de los pájaros que se posan en las ramas vecinas, dulces notas de verdad divina que asoman por los poros del frondoso bosque que os ha regalado la vida.
Protegidas por vuestros hermanos, árboles centenarios del inmenso río de la vida, pequeñas gotas de lluvia celeste se posan en vuestras delicadas hojas iniciando el baile de suaves pasos en un solo movimiento, casi imperceptible pero armónico en su desinteresado encuentro con las hojas vecinas que esperan vuestro contacto para iniciar la ansiada melodía de la eterna aventura que vive en el gozo que no espera la llegada de ninguna otra primavera.
Verde camino que se pierde en el recodo donde reside la magia de tu dulce encuentro, espesura de ti mismo donde vive la esencia que resuelve todas tus dudas, disueltas al mirarlas con los ojos del alma.
Traicionero destino es aquel que viaja a los lados del camino tratando de alejarte de tu ruta, dulce sendero en el que se hallan tus huellas esperando ser alcanzadas por tus atrapados y pesados pasos.
Ligero ha de ser el movimiento, espejo del vacío que se encuentra dentro de ti mismo esperando paciente que abras el amanecer de su encuentro, agua de tu inagotable manantial de frescura divina que convierte tus lamentos en profunda hermosura.
Pero qué miedo habrías de tener por navegar en las aguas de tu dulce puerto, lugar de reposo del velero que amarrado en tus entrañas se atrevió a zarpar un día en busca del secreto que anida en tu alma.
Hijo de la inmensidad celeste, perdiste tu brújula y comenzó tu suerte. Ningún artilugio ni aparato alguno podían mostrarte el camino hacia ti mismo más que tu propia escucha, tu profundo detenimiento.
Pensaste que quizá montado en el viento viajarías deprisa hacia el destino deseado pero el viento es caprichoso y sopla en todas las direcciones. Hoy vuelas quizá hacia el lugar soñado y mañana quién sabe si es atrás donde lo has dejado.
Para que no confiar en ti escuchando el sonido de tu propio silencio.
Eres la ruta, el propio camino, el hogar divino de tu propio encuentro, el peregrino que aprovechó su oscuridad para iluminar su camino, la victoria de tu propia conquista, el final que encuentra su propio principio, la escalada del abismo en el que te contemplas con gozo, sorprendido de no saber que eres el paisaje de ti mismo en el cuadro que pinta tu sagrada mano.
Entonces, ¿para qué andar buscando afuera aquello que tan solo se encuentra dentro? ¿para qué correr lejos de tu dirección en lugar de caminar tranquilamente hacia ella?
¿Para qué no ser tu auténtica respuesta a tu eterna pregunta?
¿Para qué no escuchar tu propio silencio?
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