Una pregunta-petición de un estudiante en este blog, me lleva a abrir otro pequeño paseo por la vida y la muerte, conceptos que aún siendo separados, al menos en apariencia, son también uno en sí mismos pues cada uno de ellos es al tiempo principio y final.
Así una nueva vida sólo puede nacer de una muerte y una muerte es asimismo el nacimiento a una nueva vida.
Visto así, resulta curioso observar como la muerte podría ser el principio de la vida y como la vida es el principio del camino hacia la muerte, pues la vida no es estática sino que es cambio permanente y muchas veces profundo, por lo que nada permanece y todo se transforma a pesar de nuestra resistencia a que eso suceda.
La vida y la muerte ya están presentes a lo largo de nuestras propias vidas pues en la evolución de cada ser humano a veces hemos de morir en lo vivido para nacer a un nuevo espacio de vida incierto y diferente.
Lo que ayer nos pareció lo más importante de nuestras vidas mañana quizá podría dejar se serlo pues andando el camino nuestras experiencias nos van puliendo y transformando, y el viajero que hoy camina quizá no es el mismo que inició el viaje.
Es posible que al no ser el mismo, prefiera cambiar de ruta o recorrido, quizá el destino que trazó ya no sea importante pues es posible que éste tan solo existiera para poner en camino al caminante.
Y es que quizá no haya un solo destino para el viajero que se abre a los caminos pues es ancho y generoso el Universo como para fijar nuestro andar en un solo sendero, y si nosotros somos caminantes, si somos viajeros, tendremos que morir en algunos senderos para nacer en otros que precisamente nacieron por la muerte de aquéllos.
Y es que la muerte es vida porque sin morir en aquello que me aprisiona, no podré ser yo mismo sin salir de mis propios barrotes, y sin ser yo mismo viviré muerto. Es por esta razón, que para saber quién soy tendré que morir en quién he estado siendo para reconocerme en mi propia vida.
Y curiosamente, la muerte que engendra vida no está separada de la vida pues ésta no se habría engendrado sin aquélla.
Y si para transformarnos, si para pulir el diamante de quiénes somos, seres de infinita posibilidad, no nos permitimos nuestras pequeñas o grandes muertes en vida, permaneceremos inmóviles en el camino y seremos estatuas que no nos veremos pasar.
Y es que la vida es un camino de crecimiento, y si la muerte en vida nos ayuda a crecer es normal que nuestra muerte final sea tan solo aparente y se convierta en el principio de una nueva vida para el eterno Ser que somos.
El viaje es largo pero hay muchas vidas para caminarlo, y como dijo sabiamente nuestro gran poeta Antonio Machado "caminante no hay camino, se hace camino al andar".
Cada caminante abre sus propios caminos, ellos no existirían sin ti.
Tus caminos te esperan para ser descubiertos por ti. Tú decidirás hasta dónde te llevan y cuando sientas que has de morir en cualquiera de ellos se abrirá una nueva senda para ti.
Eres caminante, y tu esencia es andar en tus senderos.
Entonces, ¿ a qué esperas?
Aunque no siempre, a veces hay que morir en lo vivido para vivir.