¿quién conduce tu vida?
La belleza de una obra inacabada es la de conservar en su principio la posibilidad de todos los finales.
En una obra inacabada los posibles finales ya no viven en la mano del artista pues han sido regalados a la mirada que confundida y admirada la observa.
Y entre tantas miradas quizá, tan solo quizá, una de ellas sienta tal vez por un segundo, que en el silencio de la obra que contempla late todavía el corazón que guió la mano del artista para dar vida a lo que inacabado podría parecer muerto.
Pero que hay más vivo que algo inacabado, único estado que permite replantear lo que ya se ha construido para modelarlo, transformarlo, perfeccionarlo, de manera que podamos sentirnos satisfechos y en paz con la obra definitivamente acabada.
Que sería de nosotros, los seres humanos, si la mano del artista que nos dio vida hubiera finalizado su obra antes de que comenzara la nuestra.
Que sería de nosotros si no fuéramos una obra inacabada, si no pudiéramos mirarnos cada día, cada instante de nuestras vidas, para modelar, transformar y perfeccionar nuestra propia obra.
Es curioso, somos la única obra viva que sobrevive a la mano del artista que nos creó, adquiriendo vida propia. Dotados del libre albedrío podemos optar por todas las posibilidades, desde vivir sin prestar atención ni valor a nuestras vidas hasta adquirir el compromiso con nosotros mismos para modelarnos, transformarnos y perfeccionarnos, sin olvidar que nuestra libertad es tan amplia que nos permite incluso retirarnos del juego poniendo fin a nuestra propia vida aún cuando esté último camino atente contra nuestra verdadera naturaleza.
Ser una obra inacabada con posibilidad de auto-realizarse libremente, con total independencia y autonomía del artista, del creador, es un verdadero privilegio y patrimonio único del ser humano.
Ello implica asumir el liderazgo de nuestras vidas pues nadie va a decidir ni a vivir tu vida por ti. Si quién nos creó nos otorgó la libertad de decidir por nosotros mismos, nadie más que tú tiene ese poder en tu vida.
Y un poder así está para utilizarlo pues si no haces uso de él pierdes la dirección de tu vida y se la regalas a las llamadas "circunstancias" o a los demás.
Si tú no vives tu vida es tu vida la que te vive a ti, y te aseguro que ambas cosas son muy diferentes.
Si eres tú quién conduce tu vida irás adonde quieras ir, cambiarás de dirección si lo consideras necesario y te detendrás donde quieras detenerte.
Si por el contrario renuncias a conducir tu vida, otros lo harán por ti y entonces dejarás de vivir tu vida para vivir la que esos otros deseen para ti.
Y la pregunta es: ¿Quién conduce tu vida?
Si no eres tú, empieza a conducirla.
Nunca es tarde para empezar.
¿Te pareció interesante este mensaje?