¿Quieres volar o no?
Aunque la evolución es el proceso de crecimiento de todo lo que nos rodea, el hombre tiende a permanecer estático, acomodándose a sus distintas situaciones de vida aunque éstas no le sean propicias.
En muchas ocasiones el ser humano tiende a asegurar lo que tiene para no perderlo, a pesar de que realmente no merezca la pena conservarlo, con tal de no afrontar la situación de tener que cambiarlo. Eso explica que muchas veces las personas no se atrevan a iniciar un cambio hasta que no encuentran un sustitutivo de eso que saben que deberían cambiar, lo que evidentemente les limita para encontrarlo dada su tendencia a esquivar el propio cambio.
El cambio siempre implica un riesgo pero te permite dar un paso adelante para conducir tu propia vida en lugar de dejarte conducir por ella, como si fueras simplemente un pasajero en lugar del conductor. Basta con que nos preguntemos: si lo que le pasa a mi vida va a ser finalmente mi problema, ¿no es mejor que conduzca yo? ¿o prefiero que me conduzcan mis circunstancias? ¿o acaso prefiero que me conduzcan los demás?
Volvamos a la naturaleza. No sé si sabéis que el águila llega a vivir unos 70 años pero para llegar a esa edad tiene que experimentar un profundo cambio. A sus 40 años sus uñas se tornan apretadas y flexibles lo que le impide agarrar a sus presas; su pico, antes largo y puntiagudo, se curva apuntando hacia su pecho, lo que le resta su eficacia; y, sus alas están envejecidas y son pesadas, dado el grosor de sus plumas, por lo que volar se le hace muy difícil.
Entonces el águila tiene dos opciones: morir o enfrentar su doloroso proceso de renovación que durará 150 días. Situada en un nido en la alta montaña, junto a un paredón, empezará a golpear su pico contra la pared hasta conseguir arrancarlo, esperando después al crecimiento de uno nuevo con el que desprenderá una a una sus viejas uñas y cuando éstas vuelvan a crecer se deshará de sus plumas viejas. Así, tras cinco meses, su proceso de renovación le habrá devuelto la vida y volará de nuevo sobre el cielo.
Sin embargo, el hombre cuenta con una gran ventaja que no tiene el águila. El ser humano conoce el sentido de sus acciones y por tanto puede dotar de absoluto sentido a su proceso de transformación, lo cual minimiza la dificultad del cambio e incluso su riesgo.
Por tanto, si sabes dónde quieres ir y ese destino se corresponde con tu sistema de creencias y valores, deberás preguntarte qué te lo impide y potenciarte frente a esos otros juicios y creencias que obstaculizan tu camino.
Una vez resuelto todo aquello que te lo impide, tendrás que preguntarte: ¿quiero volar o no?
¿Te pareció interesante este mensaje?
